
Me gusta el ruido que hacen las gotas de lluvia al caer. El del fuego cuando crepita en la chimena. Y el rítmico sonido de las máquinas de escribir antiguas. Disfruto escuchando la risa inocente y sincera de un niño pequeño. Y el murmullo del chaparrón al otro lado del cristal cuando todavía me queda tiempo en la cama. Me relaja escuchar el rumor de las olas con los ojos cerrados. Me alegra mirar por la ventana y ver que, a mis pies, todo está nevado.
Adoro salir a empaparme bajo la tormenta sin que importe el frío. Quemarme los dedos con una taza de chocolate caliente cuando tengo las manos congeladas. Sentir en la piel el contraste al meterme en el agua helada tras horas tomando el sol. El cosquilleo de la arena que juguetea entre los dedos de mis pies. El tacto de los libros muy antiguos, y el olor de los nuevos. También el olor del salitre. O el de la tierra mojada. El aroma que desprende el pan cuando lo tuestas. El de la colonia de un hombre que se te pega en la ropa sin que te des cuenta.
Me ilusiona que una historia me atrape hasta el punto pasarme la noche en vela, especialmente en la víspera de un examen importante. La sensación de nostalgia, de sentirtme como en casa, cuando acabo de leer un buen libro. Emocionarme ante una obra de arte, llorar viendo una película o que se me erice la piel al escuchar una gran canción. Tocar la guitarra en una habitación completamente oscura. Dejarme llevar por el tacto de la música.
Me divierte ver hace a un niño pequeño las mismas tonterías que yo hacía en su tiempo. Hacer carantoñas a un bebé y que me devuelva la sonrisa en el metro. Darle el dedo y que no me lo suelte. Ir a contracorriente, muy despacio, hasta pararme en medio de la gente que anda con prisa. Dar tumbos por las calles las tardes frías de invierno. Pasear por el parque en otoño. Caminar sobre las hojas secas. Compartir un café y confidencias con una amiga un viernes cualquiera. Las sobremesas de una hora en la que todo son carcajadas. Las noches "de tranquis" que después no lo son. Que suene mi canción favorita en una discoteca. Cantar en un concierto hasta quedarme sin voz. Conducir por la noche acompañada solo por la radio. Volver a escuchar una canción que había olvidado hace años.Me encanta el clamoroso silencio de las bibliotecas. Y el de las catedrales. Las mil y una tonalidades que adopta la luz al pasar a través de una vidriera. Los rayos de sol que se cuelan por las hojas de los árboles. Y los que consiguen colarse entre las nubes en un día muy nublado. Los días nublados, y los de lluvia. Las puestas de sol y los amaneceres. La gente que sabe apreciar la diferencia entre observar unas y otros.

Ver a una pareja de viejecitos que pasean de la mano. Escribir tonterías en el vaho cuando se empañan los cristales. Pasar rápidamente el dedo por la llama de una vela o de un mechero. Mirar a gente que no conozco e inventar cómo serán. Explotar las burbujitas del plástico de embalar.
Los viajes largos en tren. Los goles del Madrid. Las conversaciones trascendentales entre borrachos. Los aprobados inesperados. Los cigarrillos de chocolate. Los besos lentos y largos. Las frases. Los refranes. Los detalles. La cerveza. Las caricias. La poesía. El cosquilleo en el estómago minutos antes de una cita. El sabor de su saliva en mi saliva. El roce de su piel contra la mía.
1 comentarios:
Pequeñas cosas que se convierten en grandes momentos de tu vida, cosas del día a día que te sacan una sonrisa.. :)
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