Es esta ciudad. Este ambiente. Esta Universidad. Estar tanto tiempo rodeada de tanta gente tan diferente a lo que he sido siempre. Me está cambiando, me está corrompiendo, está aniquilando poco a poco mi esencia. Yo, que he sido siempre la inconformista, la rebelde, la agnóstica, la que desconfiaba del sistema y desafiaba las normas... Y ahora, después de tantos años, vuelvo a ir a misa los domingos por voluntad propia, ya no me cae tan mal el Rey ni el Estado Social me parece una utopía.
Y no sé si es que me he vuelto más tolerante o más blanda, si es que me están confundiendo o que estoy madurando (para convertirme en esa mujer de provecho que todos creen que llegaré a ser -cosa de la que, por cierto, no estoy nada segura-) o que, realmente, es que siempre he sido así... Una mezcla caótica y absurda de un millón de cosas que tienen mucho -y nada- que ver.
Que puedo ser la tía más políticamente correcta del mundo o la más soez de las meretrices, según la ocasión lo requiera. El revolcón en el asiento de atrás de un Ford tres puertas o el desayuno en la cama de un hotel de cinco estrellas. Y no, no me avergüenzo. Soy el roce, el calor, el sudor, el sexo, la piel, la saliva... Pero también la timidez, las dudas, los nervios, las caricias... Como dicen por ahí, en casa una señora; en la calle, una dama y muy puta en la cama.
Que vivo con la cabeza en el Norte, y me encanta, pero irremediablemente mi corazón estará siempre en el Sur. Porque adoro el frío como pocas cosas en la vida, pero no puedo evitar ser de sangre caliente; y, a pesar de preferir los días nublados, la gente siempre me dice que a veces, cuando estoy contenta, desprendo un poco de sol. Y aunque puedo corregir con eficacia nivel RAE a "leístas", "laístas" y demás castellanoparlantes que se creen los amos del idioma pero luego no distinguen entre "a ver" y "haber", jamás pronunciaré una "s" si no es como "h" aspirada sin sentirme orgullosa de ello.
Porque así soy yo. Lo mismo te hago el solo de batería de una canción de metal finlandés que me arranco por bulerías con la guitarra o me emociono tocando al gran Tchaikovsky en el piano. Que leo a Kafka, Shakespeare, Austen, Tolstoi, Cernuda, Bécquer... Pero también a Almudena Grandes, Rowling, Zafón, Risto Mejide e incluso al moña desgraciado de Moccia.
Que puedo pasarme un fin de semana entero sin salir de casa con la única compáñía de una mantita, pelis y un par de buenos libros, pero también irme a Cancún una semana a tirarme a beber a la playa y luego no acordarme ni de mi nombre. Y puedo tener la más profunda y trascendental de las conversaciones y discutir sobre teología, economía o política hasta dejarte sin argumentos, pero después no te sorprendas si me ves chillar como un neanderthal enfurecido cuando Alonso se sale de la pista, Nadal pierde un tie-break o -sobre todo-, el Barça le gana al Madrid.
Que amo la lengua, la filosofía, el arte, y la historia; pero también la astronomía, la biología, y la ciencia. Que amo la vida, en definitiva. En todos sus aspectos. En cada una de sus formas. Con todos los matices. Que prefiero probarlo todo y que me duela a no sentir nada en absoluto. Que contrario no es siempre diferente, y yo no sería yo si no supiera quedarme con lo mejor de cada bando.
Porque yo no sería yo si no fuera contradictoria. No sería yo si no viviera tranquilamente durante el día y no me desahogara con pasión después en este blog. Y, sobre todo, yo no sería yo si no estuviese escribiendo esto la noche antes de un examen final -que aún no me sé- a las cuatro de la mañana y después no sacara una Matrícula de Honor.
1 comentarios:
Esto? Tu y solamente tu:)
Descrita con bastante precisión la verdad. Nada nuevo que no supiera de antes (eso creo!) jaja
Que a mi me gustas así, cambiante, con diferentes caras que enseñar... porque si no fueras así, la vida sería demasiado aburrida y yo... yo no tendría una persona tan especial a mi lado... ^^
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